La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades En las primeras luces de la mañana, Kit se asomó a la ventana para ver qué rumbo seguirían las nubes, y sin ninguna duda Bárbara se habría asomado a la suya también de no haberse acostado tan tarde la noche anterior, almidonando y planchando pequeñas piezas de muselina, que después plisó y cosió a otras prendas para ir bien vestida al día siguiente. Pero los dos se levantaron temprano pese a todo, no mostraron mucho apetito en el desayuno ni en el almuerzo y estaban muy nerviosos cuando llegó la madre de Bárbara informándoles que hacía un día estupendo (aunque venía provista de un gran paraguas, pues las personas como ella raras veces salen de paseo sin uno) y cuando sonó la campana anunciando que era la hora de recoger el dinero del trimestre: un soberano de oro y dos coronas de plata.