La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Escucha, Christopher —encareció el señor Garland, esto es para ti un asunto de suma importancia, que deberÃas considerar bajo esa luz. Este caballero puede darte más dinero que yo; no creo que tenga unas relaciones de amo y criado más afables y cordiales que las nuestras, pero sà es cierto, Christopher, que te va a dar más dinero.
—Ya —concedió Kit—, pero, señor…
—¡Espera un momento! —interrumpió el señor Garland—. Eso no es todo. Tú fuiste un criado muy fiel con tus antiguos amos, según creo, y si este caballero los recuperara, como es su propósito hacer por todos los medios a su alcance, no me cabe ninguna duda de que, estando a su servicio, encontrarÃas la recompensa que tanto buscas —agregó el anciano con mayor énfasis—; asà tendrÃas el gusto de volver a comunicarte con aquellos a los que parece que te unen unos lazos tan fuertes y desinteresados. Debes recapacitar sobre todo esto, Christopher, y no precipitarte en la decisión.
