La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tocó inmediatamente la campana y pidió vino caliente con la misma impetuosidad que si se hubiera tratado de una persona ahogada. El caballero soltero le hizo beber a la madre de Kit hasta los topes un vaso de vino tan caliente que se le deslizaron varias lágrimas por las mejillas; a continuación, la llevó de nuevo corriendo al coche, donde —posiblemente bajo los efectos de tan agradable sedante— pronto se volvió insensible a la agitación de su compañero y cayó profundamente dormida. Los efectos de esta pócima no fueron pasajeros, pues, a pesar de que el viaje resultó más largo de lo que el caballero soltero había supuesto, no se despertó hasta que ya era de día y las ruedas traqueteaban sobre el empedrado de una población.

—¡Este es el lugar! —gritó al postillón el compañero de la señora Kit con todas las ventanillas bajadas—. ¡Diríjase al museo de cera!

El postillón más próximo a las ruedas se tocó el sombrero y espoleó al caballo para hacer una entrada triunfal. Los cuatro caballos se lanzaron al galope por las calles con tal estruendo que los lugareños se asomaron a puertas y ventanas, y no se pudo oír las campanadas de los relojes en el momento en que daban las ocho y media. Al final, se detuvieron delante de una puerta, en torno a la cual se había congregado una multitud.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker