La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades A continuación relató, sin ocultar ningún detalle, todo lo que sabían de Nell y de su abuelo, desde la primera vez que los vieron hasta el momento de su repentina desaparición, añadiendo (lo cual era completamente cierto) que no habían escatimado ningún esfuerzo en la búsqueda, aunque sin éxito alguno; que al principio se habían alarmado en extremo por su seguridad, teniendo en cuenta que podrían ser objeto de sospecha a causa de su repentina partida. Les hablaron también de la debilidad mental del anciano, de la incomodidad que la niña había mostrado siempre que él se ausentaba, de las compañías que al parecer este frecuentaba y de la tristeza que se había apoderado paulatinamente de la niña, lo que afectó tanto a su salud como a su humor. Si, al echar en falta al anciano una noche, ella había sabido o supuesto a dónde había dirigido este sus pasos, habría salido inmediatamente en su búsqueda; y si los dos habían abandonado la casa juntos, ya no había medio de saber a dónde. Había pocas esperanzas de tener noticias suyas y, ya hubiera sido planeada la huida por el anciano, ya por la niña, era difícil que pudieran regresar. Todo esto lo escuchó el caballero soltero con aire apesadumbrado y desencantado, echándose a llorar cuando hablaron del abuelo. El pobre estaba completamente consternado.