La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El primer sonido que llegó a sus oídos por la mañana, con los ojos aún entreabiertos —al encontrarse tan inusualmente cerca del techo, abrigó la vaga idea de que se había transformado en una mosca o moscarda, en el transcurso de la noche—, fue un sollozo ahogado, plañidero, en medio de la estancia. Asomando precavidamente la cabeza por un borde del coy, divisó a la señora Quilp, a quien, tras contemplarla cierto tiempo en silencio, soltó de repente un terrible alarido:

—¡Uuuuu!

—¡Ay, Quilp! —gritó su pobre mujercita mirando hacia arriba—. ¡Qué susto me has dado!

—Eso pretendía, mujerzuela —repuso el enano—. ¿Qué haces tú aquí? Yo estoy muerto, ¿no?

—Por favor, vuelve a casa, vuelve a casa —suplicó la señora Quilp sollozando—. Nunca volveremos a hacerlo, Quilp. Después de todo, fue sólo un desliz producido por nuestra gran angustia.

—Por vuestra gran angustia… —hizo eco el enano con una mueca—. Sí, por la gran angustia que sentís por mi muerte iré a casa cuando me plazca, te lo aseguro. Iré a casa cuando me plazca, y me marcharé cuando me plazca. Seré un fuego fatuo, ahora aquí y después allí, bailando a vuestro alrededor sin parar, apareciendo por sorpresa cuando menos me esperéis y manteniéndoos en un constante estado de inquietud e irritación. ¿Quieres irte?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker