La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades —Hay un viejo pozo —dijo el sepulturero—, justo debajo del campanario, un pozo profundo, oscuro, que hace eco. Hace cuarenta años, se dejaba bajar el cubo hasta que el primer nudo de la cuerda se liberaba de la noria, y entonces se oÃa el chapoteo del agua frÃa y oscura. Poco a poco, el agua se fue retirando, de manera que, diez años después, se hizo un segundo nudo, y habÃa que desenrollar mucha cuerda si no se querÃa que el cubo se balanceara seco y vacÃo en el extremo. Diez años después, el agua volvió a retirarse, y se hizo un tercer nudo. Y diez años después, el pozo se secó. Actualmente, si se baja el cubo hasta que se te cansan los brazos, y se suelta casi toda la cuerda, se oirá un ruido metálico en el fondo, con un sonido tan profundo y tan lejano que el corazón te da un vuelco y te apartas como si fueras a caerte dentro.
—¡Un lugar terrible para acercarse a él en la oscuridad! —exclamó la niña, que habÃa seguido las miradas y las palabras del anciano con tanta atención que le parecÃa estar en el borde mismo del pozo.
—Pero ¡qué es un pozo sino una tumba! —exclamó el sepulturero—. Nuestros viejos lo saben; y, sin embargo, cuando su primavera se desvanece, sus fuerzas decaen y su vida se extingue; ¿cuántos piensan en eso? ¡Ni uno solo!
—¿Tiene usted muchos años? —preguntó la niña involuntariamente.