La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La anciana lo miró airadamente, pero iba reculando conforme él avanzaba y, dándole la espalda, toleró que le cerrara la puerta y la dejara fuera con las demás invitadas, que ya se habían arremolinado abajo. El hombrecillo, solo con su mujer, que estaba sentada en un rincón con los ojos fijos en el suelo y todo el cuerpo temblando, se le plantó delante, a cierta distancia, y, con los brazos cruzados, la miró sin pestañear durante un buen rato, sin articular palabra.

—¡Oh tú, dulce criatura! —fueron las palabras con las que Quilp rompió el silencio, relamiéndose los labios como si no fueran una figura del lenguaje y ella fuera realmente un confite—. ¡Oh, tú, mi delicia! ¡Oh, tú, deliciosa seductora!

La señora Quilp estaba sollozando; conociendo la naturaleza de su amable señor, parecía extremadamente alarmada por aquellos cumplidos, igual que habría reaccionado ante cualquier demostración de violencia.

—La señora Quilp es… —prosiguió el enano con una espantosa risita— una joya, un diamante, una perla, un rubí, un cofrecito dorado engastado con gemas de toda clase. Es un tesoro. ¡Estoy tan prendado de ella!

La pobre mujer, que estaba temblando de los pies a la cabeza, levantaba de vez en cuando los ojos para mirarlo con gesto suplicante, los bajaba de nuevo y volvía a sollozar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker