La tienda de antiguedades
La tienda de antiguedades Aunque Kit no había visto a los señores Garland ni al señor Witherden desde su detención, sabía que le habían buscado un abogado defensor. Así pues, cuando uno de los señores con peluca se levantó y pronunció: «Señoría, yo defiendo al acusado», Kit le tributó una reverencia, y cuando otro señor con peluca se levantó y pronunció: «Y yo defiendo a la parte ofendida, señoría», Kit se echó a temblar y le tributó, no obstante, otra reverencia. ¡Cómo ansiaba que su abogado le ganara la partida al otro y le hiciera irse con las orejas gachas!