La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pues bien… Antes de escaparme, yo dormía en la cocina, donde jugábamos a las cartas, ya sabe. La señorita Sally se guardaba en el bolsillo la llave de la puerta de la cocina y bajaba por la noche para llevarse la vela y apagar el fuego de la chimenea. Con lo cual, yo tenía que acostarme a oscuras. Ella cerraba la puerta con llave por fuera, se metía la llave en el bolsillo y me tenía encerrada hasta que bajaba por la mañana, bastante temprano, y me dejaba salir. Yo tenía miedo de quedarme allí encerrada, pues, si se producía un incendio, seguro que ellos sólo pensaban en salvarse y se olvidaban de mí, ya sabe. Así que siempre que veía una llave oxidada en alguna parte, la cogía y probaba a ver si encajaba en la cerradura, hasta que al final encontré en el basurero del sótano una que encajaba.

El señor Swiveller agitó violentamente las piernas. Pero, como vio que la pequeña criada se detenía al instante, se calmó enseguida y, alegando un momentáneo olvido de lo pactado, la invitó a continuar.

—Me hacían pasar mucha hambre —continuó la pequeña criada—. ¡Ah! ¡No se puede imaginar el hambre que pasaba! Yo salía por la noche después de acostarse ellos y, a tientas en medio de la oscuridad, buscaba trozos de galleta o de bocadillos que usted había dejado en el despacho, incluso trozos de cáscara de naranja que metía en agua fría e imaginaba que aquello era vino. ¿No ha probado nunca piel de manzana con agua?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker