La tienda de antiguedades

La tienda de antiguedades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Como la pequeña criada se había ido alterando progresivamente al igual que el señor Swiveller, no lo reprendió est vez cuando vio que se sentaba en la cama y le preguntaba con nerviosismo si le había contado aquello a alguien más.

—¿Cómo iba a contarlo? —contestó su enfermera—. A mí me daba miedo saber lo que sabía, y esperaba que absolvieran al muchacho. Cuando me enteré de que lo habían condenado por algo que no había hecho, usted ya se había ido y también el inquilino, aunque creo que me habría dado un poco de miedo decírselo a él si no se hubiera ido. Y desde que vivo aquí, usted ha estado todo el tiempo inconsciente. Además, ¡de qué habría servido contárselo a alguien!

—Marquesa —declaró el señor Swiveller, arrancándose el gorro de dormir y lanzándolo al otro extremo de la habitación—, hazme el favor de retirarte un momento a ver qué tiempo hace, que voy a levantarme.

—¡Ni se le ocurra! —gritó la enfermera.

—¡Tengo que hacerlo! —replicó el paciente, mirando alrededor de la estancia—. ¿Dónde está mi ropa?

—Ah, me alegro de que no tenga ropa —respondió la marquesa.

—¡Señora! —exclamó el señor Swiveller, boquiabierto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker