Oliver Twist
Oliver Twist —Ahora, ¿qué? —gritó una voz desde dentro, contestando un silbido del Truhán.
—Desplumado y Capote —respondió el joven.
DebÃan ser sin duda las palabras anteriores una contraseña convenida, pues brilló en el fondo de un pasadizo obscuro una luz y momentos después asomaba una cabeza por encima de la desvencijada barandilla de una escalera que conducÃa a la cocina.
—Sois dos —dijo el hombre de la vela, poniéndose una mano sobre los ojos a guisa de pantalla—. ¿Quién es el otro?
—Un recluta nuevo —contestó el Truhán, invitando a Oliver a que le siguiera.
—¿De dónde viene?
—Del paÃs de los inocentes. ¿Está arriba FajÃn?
—Arreglando pañuelos lo tienes. Adelante —contestó el hombre desapareciendo con la vela y dejando a obscuras a los jóvenes.
Oliver, una de cuyas manos tenÃa fuertemente asida su compañero, subió con dificultad tentando con la otra las paredes por una escalera más abundante en agujeros que en peldaños, en medio de una obscuridad, escalera que su guÃa subió con la ligereza del que conoce perfectamente el camino. Llegados arriba, abrió una puerta de una habitación interior e introdujo en ésta a Oliver.