Oliver Twist
Oliver Twist —¿Estás de ello bien seguro? —insistió el judÃo, mirando al muchacho con fiereza mayor y con expresión amenazadora.
—¡No lo estaba, señor! ¡Palabra de honor!
—Está bien, querido —contestó el judÃo, adoptando bruscamente su actitud habitual y jugueteando con el cuchillo antes de dejarlo sobre la mesa, como para dar a conocer al niño que lo habÃa tomado por distracción—. Sé que dices verdad, amiguito, y si he hablado como lo he hecho, ha sido sencillamente para asustarte. Pero eres un valiente, sÃ, un valiente, a fe mÃa.
Frotábase el judÃo las manos, pero no cesaba de mirar al cofrecillo con muestras de inquietud.
—¿Has visto algunos de los hermosos objetos que contiene, Oliver? —preguntó, al cabo de algunos momentos de silencio.
—SÃ, señor —respondió Oliver.
—¡Oh! —exclamó el judÃo, poniéndose intensamente pálido—. Son mÃos, Oliver, mÃos… Propiedad mÃa… La única fortuna que me resta para sostenerme en mi ancianidad. Las gentes me llaman miserable, querido, avaro miserable.