Oliver Twist
Oliver Twist —¿De qué se acusa a ese sujeto, guardia?, —preguntó el señor Fang.
—No se le acusa de nada, señor —replicó el guardia—; es él quien acusa a ese muchacho. —Nada dijo el guardia que el juez no supiera perfectamente, pero era hombre aficionado a molestar y zaherir, sobre todo cuando podÃa hacerlo impunemente.
—Acusa a ese muchacho, ¿eh? —dijo Fang, midiendo al anciano de pies a cabeza—. ¡Que preste juramento!
—Antes de prestar juramento —replicó el señor Brownlow— quiero hacer constar que, si no lo estuviera viendo, jamás hubiera creÃdo…
—¡Cállese usted! —gritó Fang.
—¡No me acomoda callar! —contestó resueltamente el anciano.
—¡Cállese usted inmediatamente, o le mando echar de la sala! Es usted un insolente, un impertinente. ¿Cómo osa usted replicar a un magistrado?
—¡Magistrado!.. —exclamó el anciano, rojo de cólera.
—¡Que preste juramento ese hombre! —dijo Fang, dirigiéndose al escribano—. No quiero oÃr una palabra más. ¡Que jure!