Oliver Twist
Oliver Twist —Efecto de la fiebre, hijo mÃo —contestó la señora con dulzura.
—Eso creo —dijo Oliver—. El Cielo está muy lejos, y los que en él moran son demasiado dichosos para bajar a velar junto a la cama de un pobre niño. Sin embargo, si mi madre ha sabido que he estado enfermo, aun desde el Cielo me habrá compadecido mucho… ¡Sufrió ella tanto antes de morir! ¡Pero no! —añadió Oliver después de algunos momentos de reflexión—, No ha debido saber lo que me ha sucedido. Si me hubiese visto enfermo y abatido, habrÃa estado triste, y yo la he visto siempre alegre y risueña cuando se me ha aparecido en sueños.
No contestó la buena anciana; pero secó primero sus ojos, y a continuación sus anteojos que estaban sobre el cubrecama, cual si formaran parte integrante de su rostro, sirvió a Oliver una bebida refrescante y le pasó cariñosamente la mano por la mejilla, recomendándole de nuevo que permaneciera quietecito a fin de evitar recaÃdas.