Oliver Twist
Oliver Twist Sonrió el buen anciano, y volviéndose hacia Oliver, díjole que el señor Grimwig era un amigo antiguo suyo, añadiendo que no hiciera caso si observaba que sus modales eran un tanto bruscos, pues bajo una corteza ruda latía un corazón tierno y cariñoso, como tendría ocasión de comprender.
—¿Quiere usted que me vaya, señor? —preguntó Oliver.
—No, no; prefiero que te quedes —contestó el señor Brownlow.