Oliver Twist
Oliver Twist —RÃe, rÃe —gruñó Sikes, mirando despectivamente al judÃo—; rÃe cuanto quieras, aunque te aseguro que no has de reÃrte nunca a mi costa, como no sea escondiendo antes tu cabeza bajo un saco de tela gruesa. Te tengo bajo mi férula, FajÃn, y… bajo ella continuarás estando mucho tiempo. Si me muevo yo, te moverás tú; si yo estoy inmóvil, inmóvil estarás tú; ya lo sabes. ¡Cuidadito, pues!
—Está bien, amigo mÃo, está bien. Todo eso lo sé… Tenemos… tenemos interés recÃproco, Guillermo… interés mutuo.
—¡Hum! —murmuró Sikes, como queriendo dar a entender que el interés era mayor por parte del judÃo que por la suya. ¡Al grano! ¿Qué quieres decirme?
—Que todo sale a las mil maravillas, y que aquà está la parte que corresponde a usted. Es mayor de lo que deberÃa ser, amigo mÃo; pero ya sé que en otra ocasión sabrá compensarme…
—¡Vaya, vaya! ¡Me molestan las tonterÃas! —interrumpió Sikes—. ¿Dónde está mi parte? ¡Venga pronto!
—¡Conformes, conformes, Guillermo!, pero déjeme un poquito de tiempo. He aquà el paquetito, sano y salvo.