Oliver Twist
Oliver Twist Acompañando el judío la acción a la palabra, sacó del seno un pañuelo viejo, y desatando un nudo que había en una de sus puntas, exhibió un paquetito envuelto en papel basto, que Sikes le arrebató presuroso de la mano.
—¿Es esto todo? —Preguntó, desgarrando la envoltura y contando las monedas de oro que aquélla contenía.
—Cabal —contestó el judío.
—¿No se te habrá ocurrido la idea de desliar el paquetito por el camino y tragarte una o dos monedas? —preguntó Sikes con expresión de recelo—. No te hagas el ofendido, granuja, que más de una vez lo has hecho. ¡Anda! ¡Tira de la repicadora!
La frase, traducida al lenguaje corriente, significaba que hiciera sonar la campanilla. Obedeció Fajín, y al llamamiento entró otro judío, más joven que el que acompañaba a Sikes, pero de aspecto no menos innoble y repulsivo que el de aquél.