Oliver Twist
Oliver Twist No me atreveré a asegurar si la contracción especial que sufrieron las rojas cejas del viejo judÃo y el guiño apenas perceptible de sus pequeños ojos hundidos profundamente en sus órbitas dieron a entender a la joven que procurara ser poco comunicativa: son detalles esos que apenas si tienen importancia. Lo que a la exactitud de la narración interesa son los hechos; y los hechos, mejor dicho, el hecho fue que la joven cortó en redondo las explicaciones y que, después de prodigar a Sikes sonrisas llenas de gracia, cambió bruscamente de conversación. Al cabo de unos diez minutos, el buen FajÃn sufrió un acceso de tos, visto, mejor dicho oÃdo lo cual, la caritativa Anita echó sobre sus hombros su propio chal y manifestó que era hora de recogerse. Sikes manifestó que él debÃa seguir durante un buen trecho la misma dirección, y que, por tanto, tendrÃa el placer de acompañarla; en consecuencia, salieron juntos, seguidos a corta distancia por el perro, que salió de un corral próximo cuando su dueño se hubo alejado.
El judÃo asomó la cabeza por la puerta de salida, siguió con la vista a Sikes mientras éste se perdÃa en las obscuridades del lóbrego pasadizo, amenazóle con el puño cerrado murmurando al propio tiempo horribles imprecaciones, y luego, plegados sus labios en una sonrisa siniestra, sentóse frente a la mesa y no tardó en absorberse en la lectura interesante de una revista.