Oliver Twist
Oliver Twist —Justo o no, repito que quiero ese billete —insistió Sikes—. ¿Crees por ventura que Anita y yo hemos venido al mundo para seguir la pista y secuestrar en plena calle a los muchachos que escapan de tus uñas? ¡Suelta la mosca, ladrón sin entrañas, si no quieres que acabemos muy mal!
A la par que Sikes dirigÃa al judÃo tan dulce y cariñosa representación, arrancaba el billete de entre el pulgar y el Ãndice de la diestra de aquél, y escondÃa rápidamente el precioso papel, después de bien doblado, en una de las puntas de su corbata, donde lo anudó.
—Es el premio de nuestro trabajo —observó Sikes—, aunque bien seguro es que vale doble. Puedes quedarte con los libros, si eres aficionado a leer; caso que te molesten, no seré yo quien te impida que los vendas.
—¡Hermoso… interesantÃsimo! —exclamó Bates haciendo mil muecas y contorsiones, mientras aparentaba leer uno de los libros—. ¡Qué estilo tan sublime! ¿No es verdad, Oliver?
Al reparar en la expresión de desaliento de Oliver, Carlos Bates propenso a ver las cosas por el lado cómico y burlesco, sufrió el tercer acceso de hilaridad.