Oliver Twist
Oliver Twist —Estás realmente encantadora cuando te da por lo sentimental y humanitario —repuso Sikes, mirándola con expresión de supremo desdén—. La ocasión es que ni pintada para que ese muchacho como tú le llamas, te tome por amiga.
—¡Dios me es testigo de que amiga suya soy! —gritó con acento apasionado la joven—. ¡Ojalá hubiera caÃdo muerta en la calle, o bien hubiese cambiado de alojamiento con aquéllos junto a los cuales pasamos esta noche, antes de haber contribuido a traer aquà a este infeliz! De hoy en adelante será un ladrón, un embustero, un falsario, un demonio, un conjunto de todas las maldades; ¿no basta eso? ¿Hace falta que por añadidura lo mate a golpes ese nauseabundo viejo?
—¡Voto a…
—¡Por Dios, Guillermo! —exclamó el judÃo, extendiendo el brazo hacia los muchachos que atentos y anhelantes escuchaban la disputa. Nada cuesta hablar bien, Guillermo… Nada de palabras gruesas.