Oliver Twist
Oliver Twist —¡Hablar bien! —repitió Anita— ¡Hablar bien, villano miserable! ¡Nada de palabras gruesas, monstruo! ¡SÃ!.. ¡Vas a oÃrlas… muy gruesas, pero muy verdaderas, y las oirás de mis labios! No tenÃa yo la mitad de los años de este muchacho, cuando me enseñaste a robar, y me obligaste a que robara por tu cuenta y para tu provecho. Doce años hace que no tengo otro oficio… ¿Lo has olvidado? ¡Habla, reptil asqueroso! ¿Lo has olvidado?
—¡Bueno, sÃ! —contestó el judÃo, intentando calmar a la joven—. Es verdad, pero esa ocupación, tan buena como otra cualquiera, te vale el sustento.
—¡En efecto! —replicó Anita, no hablando, sino disparando las palabras una a una, como si fueran cañonazos—. Me vale el sustento… es mi oficio… y mi hogar son las calles sucias, llueva o nieve copiosamente, haga frÃo o calor, y tú eres quien me ha arrastrado a esa condición horrenda, en la cual perseveraré hasta el dÃa de mi muerte.
—La que no tardará en venir, yo te lo juro, como sigas hablando como lo haces —replicó el judÃo, exasperado por tantas reconvenciones.