Oliver Twist
Oliver Twist Demasiado bien lo sabÃa Oliver; pero creyendo peligroso expresarse con más claridad, suspiró y prosiguió la operación de lustrar las botas.
—¡Pero, hombre! —exclamó el Truhán—. ¿Es que no tienes amor propio? ¿No conoces la dignidad? ¿Te has propuesto vivir a costa de tus amigos?
—¡Quita allá! —contestó Bates, sacando del bolsillo dos o tres pañuelos de seda y dejándolos sobre un aparador—. ¿Por tan ruin e innoble le tienes?
—¡Por nada del mundo lo harÃa yo! —exclamó el Truhán con altiva repugnancia.
—Pero en cambio sabe dejar en la estacada a los amigos y no le importa que sufran el castigo correspondiente a pecados cometidos por usted —objetó Oliver sonriendo.
—Eso —replicó el Truhán— fue consideración hacia FajÃn. Los espÃas saben muy bien que trabajamos juntos, y los perjuicios hubieran sido para nuestro maestro si nosotros no hubiésemos ahuecado a tiempo. Fue sencillamente un ardid, ¿no es cierto, Carlos?