Oliver Twist
Oliver Twist —Y nunca olvides lo que voy a decirte, que es una verdad como un templo —dijo el Truhán, oyendo que el judÃo estaba abriendo la puerta de arriba—. Si no birlas tú sonajeros y sonadores…
—¿A qué hablarle en nuestro culto lenguaje si no entiende? —interrumpió Bates.
—Si tú no robas relojes y pañuelos de bolsillo —repuso el Truhán, acomodándose en su explicación a la capacidad de su oyente—, otros se encargarán de hacerlo; asà que peor para ti. Tanto derecho tienes tú como otro cualquiera a dedicase a ese lucrativo oficio, y te prevengo que en esta casa, el que no trabaja no come.
—¡Ah, sÃ, sÃ! —dijo el judÃo, que habÃa entrado sin que lo viera Oliver—. El oficio es muy sencillo hijo mÃo, muy sencillo. Sigue consejos del Truhán, que nadie conoce como él el catecismo de la profesión.
El viejo se frotó las manos aplaudió con placer el talento de discÃpulo.
No continuó la conversación por entonces porque el judÃo habÃa llegado acompañado por Belita y por un caballero a quien Oliver no habÃa visto nunca, el cual se habÃa quedado rezagado en la escalera cambiando unas palabras con la joven.