Oliver Twist
Oliver Twist —Pues con todas sus seducciones, nada ha conseguido, y eso que, según dice, se presentaba con unas patillas encantadoras, llevaba un chaleco color canario y se pasaba todo el santo dÃa rondando de aquà para allá.
—Debió ponerse bigote postizo y pantalones de soldado, amigo mÃo —dijo el judÃo.
—También lo ha hecho; pero con el mismo resultado negativo que todo lo anterior.
El desconcierto del judÃo al oÃr la contestación anterior fue inmensa. Al cabo de algunos minutos de profunda meditación, durante los cuales permaneció con la barbilla hundida en el pecho, alzó la cabeza, exhaló un suspiro tras el cual parecÃa que iba a salir su alma, y confesó que, en efecto, si los informes de Tomás Crackit eran exactos, temÃa que el negocio habÃa fracasado.
—¡Y, sin embargo, amigo mÃo —añadió el viejo, apoyando las manos sobre sus rodillas—, es muy triste, muy doloroso, resignarse a perder lo que ya considerábamos nuestro!
—Cierto… ¿Pero qué remedio? ¡Suerte perra!…