Oliver Twist
Oliver Twist —Escucha —susurró Sikes—. Luego que se atraviesa el prado…
—¡SÃ… sÃ! —exclamó el judÃo adelantando la cabeza y con los ojos fuera de las órbitas.
—¡Hum! —murmuró Sikes, reparando en la seña que le hacÃa Anita para que se fijase en la cara del judÃo—. No te importe averiguar el sitio. Ya sé que nada podrás hace sin mÃ, pero el que trata contigo por mucho que extreme las precauciones, siempre se expone a quedase corto.
—Como usted quiera, amigo mÃo, como usted quiera —contestó el judÃo—. ¿Pero son bastantes usted y Tomás?
—Bastamos. Únicamente nos hará falta un berbiquà y un muchacho. El primero lo tenemos nosotros; tú habrás de encárgarte de proporcionarnos al segundo.
—¡Un berbiquà y un muchacho! —exclamó el judÃo—. Luego se trata de introducirse por un boquete abierto en un tabique …