Oliver Twist
Oliver Twist Anita soltó una carcajada al oír la confesión del judío. A continuación, echándose al cuerpo un vaso de aguardiente, comenzó a mover la cabeza con aire provocativo y a proferir frases incoherentes que llevaron la tranquilidad al ánimo de sus dos oyentes. Fajín río con expresión de contento y otro tanto hizo Sikes.
—¡Vaya, Fajín! —exclamó Anita entre carcajada y carcajada—. Ya puede exponer a Guillermo los proyectos que tiene entre ceja y ceja a propósito de Oliver.
—¡Ah, picarilla! —dijo el judío, dando unos golpecitos sobre los hombros de Anita—. ¡No he conocido en mi vida muchacha más ladina que tú! De Oliver quería hablar, es verdad, ¡Ja, ja, ja, ja!
—¿Pero qué tiene que ver Oliver con lo que estamos hablando?
—¡Mucho! Oliver es el muchacho que usted necesita, amigo mío —dijo el judío en voz muy baja, colocando la punta del índice a un lado de la nariz y guiñando un ojo.
—¿Él? —preguntó Sikes.
—¡Tómale, Guillermo! —exclamó Anita—. Yo, en tu lugar, no vacilaría un momento. Convengo en que no es tan práctico como los demás; pero no es experiencia lo que necesitas, sino que te abra una puerta. Para el papel que has de confiarle tiene capacidad bastante.