Oliver Twist
Oliver Twist —¿Es que me voy con usted? —preguntó el muchacho.
—Sí. Vengo de parte de Guillermo para llevarte conmigo.
—¿Para qué? —preguntó Oliver retrocediendo.
—¿Para qué? —repitió la joven, alzando los ojos y separándolos tan pronto como su mirada encontró a la del muchacho—. ¡Para nada malo, desde luego!
—¡No lo creo! —replicó Oliver, que observaba con ojo penetrante a Anita.
—Como quieras —dijo la joven con sonrisa forzada—. Para nada bueno, entonces.
Observó Oliver que ejercía alguna influencia sobre la sensibilidad de Anita y concibió por un momento la idea de apelar a su conmiseración; pero de repente se le ocurrió que no eran aún las once y que las calles debían estar muy concurridas, En este caso, personas buenas encontraría que darían crédito a sus palabras. Hecha esta reflexión, se puso en pie con vivacidad y dijo que estaba dispuesto.
Ni los pensamientos del joven ni el proyecto que acababa de elaborar en su imaginación escaparon a penetración de Anita, la cual, fija en Oliver su mirada, y con expresión que indicaba bien a las que había comprendido su pensamiento, dijo, señalando la puerta tendiendo en derredor miradas cautelosas.