Oliver Twist
Oliver Twist Tomó Anita la mano que Oliver le tendió maquinalmente y, apagando la vela, le condujo a la escalera. La puerta que daba salida a la calle les fue franqueada por alguien oculto en la obscuridad, quien la volvió a cerrar no bien salieron aquellos. En la calle esperaba un coche. Con la misma vehemencia con que hablara antes a Oliver obligó a éste a montar en el coche a su lado y bajó inmediatamente las cortinillas. El cochero, sin esperar instrucciones, descargó un fustazo al caballo, el cual Partió con la rapidez del viento.
Anita continuaba oprimiendo la mano de Oliver y, dirigiéndole en voz baja recomendaciones, consejos, advertencias. El viaje fue tan rápido, que antes que el muchacho pudiera darse cuenta cabal de lo que le ocurría, antes que supiera dónde se encontraba y cómo había llegado, el coche hacía alto frente a la casa a la cual dirigiera el judío su paso la noche anterior.
Dirigió Oliver una mirada de desesperación a la solitaria calle y hasta vagó por sus labios un grito en demanda de socorro; pero continuaba sonando en su oído la voz de la joven, voz que con acento de desgarradora agonía le suplicaba que no la comprometiese, y el desdichado no tuvo valor para gritar. Mientras duraron sus vacilaciones perdió la oportunidad, pues cuando aquéllas cedieron, no era ya tiempo. encontrábase va dentro de la casa, cuya puerta había vuelto a cerrarse.