Oliver Twist
Oliver Twist —Allà voy —contestó el interrogado, que tenÃa trazas de estar más que medianamente alumbrado—. Por cierto que necesito hacer el viaje con rapidez. No me será difÃcil, pues el caballo no lleva ni con mucho la carga que llevaba esta mañana. Volaremos, amigo mÃo, volaremos. Es un caballo como pocos.
—¿PodrÃas conducirnos a mà y al muchacho hasta allÃ? —preguntó Sikes, sirviendo a su nuevo amigo otro vaso de cerveza.
—No hay inconveniente, si montáis enseguida. ¿Vais a Halliford?
—Vamos hasta Shepperton.
—Pues cuenta conmigo hasta donde he dicho. ¿Está pagado todo, Rebeca?
—Todo. Pagó este señor —contestó la criada.
—Eso no puede ser —dijo el hombre, con gravedad de beodo—. Comprenderás que no puedo tolerarlo.
—¿Por qué no? —replicó Sikes—. Vas a hacernos un favor que nos evita los perjuicios de haber de quedarnos aquÃ; me parece que bien merece que te obsequie con una pinta o dos de cerveza en justa correspondencia.