Oliver Twist

Oliver Twist

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Seguidamente dejó con mucha compostura su pipa en un ángulo de la mesa, llenó un vaso, y envasó entre pecho y espalda su contenido. Otro tanto hizo Sikes.

—Un vaso para el muchacho —repuso Crackit, llenándolo hasta la mitad—. ¡Bébete eso, inocente!

—No tengo… crea que yo… —balbuceó Oliver.

—¡Bebe, repito! —interrumpió Crackit—. ¿Te parece que no sé lo que te conviene? Dile que se lo beba, Guillermo.

—Bebe esto te digo —exclamó Sikes, llevando la diestra al bolsillo—. ¡Bebe, hijo mío, si no quieres que disminuya la familia de Fajín!… ¡Bebe, impío de los demonios!.. ¡Bebe!

Muerto de miedo ante los gestos amenazadores de los dos hombres, Oliver se tragó de una vez el contenido del vaso, e inmediatamente le acometió un acceso de tos que divirtió en extremo a Crackit y a Barney, y hasta hizo reír al terrible Sikes.

Satisfecho el apetito de Sikes (Oliver no pudo comer otra cosa que un mendrugo de pan que le obligaron a tragar a la fuerza), los dos hombres descabezaron un sueño en las sillas que ocupaban. Oliver continuó sentado en su banco junto a la lumbre y Barney, arrebujado en una manta, se tendió sobre el santo suelo cerca de la chimenea.


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