Oliver Twist
Oliver Twist —Toma la linterna —dijo mirando al interior—. ¿Ves la escalera que tienes delante?
—¡SÃ… se… ñor! —balbuceó Oliver, más muerto que vivo.
Sikes le señaló la puerta de entrada con el cañón de la pistola, advirtiéndole que lo tendrÃa siempre a tiro, y que si tropezaba o vacilaba, lo matarÃa en el acto.
—Es cosa de un minuto —añadió Sikes en voz baja—. En cuanto te suelte, avanza en lÃnea recta y ¡cuidado!
—¿Qué pasa? —susurró Tomás y prestó oÃdo.
—No es nada —dijo Sikes, soltando a Oliver—. En marcha.
En el breve espacio de tiempo de que dispuso Oliver para coordinar sus ideas, resolvió irrevocablemente dar la voz de alarma al llegar a lo alto de la escalera, aun cuando le costase la vida. Con este propósito, echó a andar con resolución.
—¡Atrás! —gritó con todas su fuerzas Sikes—. ¡Atrás! … ¡Atrás!
Presa de un pánico horrible Oliver al oÃr el grito que ponÃa fin al silencio aterrador de la noche y al rasgar los aires otro vocerÃo que al primero hizo eco, dejó caer la linterna y no supo si avanzar o retroceder.