Oliver Twist
Oliver Twist —Pero a mà no hay quien me sonsaque, ¿eh, FajÃn? —preguntó Chitling, que menudeaba las preguntas con extraordinaria volubilidad.
—¡No, no! —contestó el judÃo—. Un corazón tan noble como el tuyo es incapaz de vender a los demás.
—¡El Evangelio! —exclamó Chitling, mirando alrededor—. Y si tengo un corazón noble, ¿soy por eso motivo de risa, FajÃn?
Percatado el judÃo de que la indignación de Tomás iba en aumento, apresuróse a asegurarle que nadie se reÃa de él, y en su afán por demostrar la gravedad de todos los que escuchándole estaban, apeló al testimonio de Bates, que era el más dado a las cuchufletas. Por desgracia, en el momento que Carlos abrÃa la boca para afirmar que en su vida habÃa estado tan serio, ni que nunca tuvo menos ganas que entonces de burlarse de nadie, fuéle imposible contener una carcajada atronadora que hizo desbordar la cólera de Chitling. Este, creyéndose mortalmente agraviado, sin andarse con ceremonia se abalanzó sobre Bates y le dirigió un puñetazo furibundo, que tuvo habilidad para esquivar el que debÃa recibirlo merced a un salto de costado, pero que recibió en pleno pecho FajÃn, quien salió proyectado contra la pared y acabó por dar con su humanidad en tierra, mientras Chitling quedaba con la boca abierta mirándole aterrado.