Oliver Twist
Oliver Twist —¡Cuidado! —exclamó de pronto el Truhán—. Acabo de oÃr el cencerro.
Mientras tomaba la luz y subÃa cauteloso la escalera, dejando a sus contertulios a obscuras, la campana, repicó nuevamente con mayor fuerza que la vez primera. Al cabo de breves momentos reapareció el Truhán, quien habló en voz baja y con aires de misterio con FajÃn.
—¡Cómo! —exclamó el judÃo ¿Solo?
Contestó el Truhán afirmativamente, y acto seguido, colocando una mano delante de la luz, dio a entender a Bates por medio de una seña que era hora de poner fin a las bromas. Cumplido este deber de amistad, volvió sus ojos hacia e judÃo y esperó las instrucciones d éste.
MordÃase el viejo las yemas de sus amarillentos dedos, Y permaneció meditabundo durante algunos segundos. Las contracciones de su cara demostraban claramente que esperaba recibir una mala noticia que temÃa que ésta fuera la peor de las que podÃa esperar. Al fin alzó la cabeza y preguntó:
—¿Dónde está?
Por medio de una seña indicó el Truhán que en el piso alto, e hizo ademán de marcharse.
—Sà —dijo el judÃo, como contestando a una consulta muda—. Que baje. Silencio, amigos… Tú, Carlos, y tú Tomás, despejad, pero muy calladitos.