Oliver Twist
Oliver Twist —¡Chitón, hombre! A él me refiero; pero la prudencia aconseja que no le nombremos.
—Vendrá de seguro —contestó el propietario de Los Lisiados, sacando del bolsillo un reloj de oro—. DebÃa estar ya aquÃ… pero si espera usted diez minutos, seguramente…
—¡No, no! —exclamó el judÃo, cual si no obstante sus deseos de ver a la persona en cuestión se hubiera alegrado de no encontrarla, DÃgale que he venido a verle, y que le espero en mi casa esta noche sin falta… ¡No! DÃgale que mañana. Puesto que no está aquÃ… sÃ, mañana será tiempo todavÃa.
—Está muy bien. ¿Nada más?
—Por ahora, nada más —contestó el judÃo, tomando la escalera.
—A propósito —dijo el tabernero en voz muy baja, inclinándose sobre la barandilla—. ¡Qué ocasión tan hermosa para despenar a Felipe Barker! Lleva a cuestas una jumera tan colosal, que un niño podrÃa hacerse con él.
—¡Ah! —exclamó el judÃo levantando la cabeza—. ¡Pero no! No ha sonado aún la hora para Felipe Barker. Podemos sacar algún partido todavÃa antes de ajustarle la cuenta, asà que, amigo mÃo, vuelva a la sala y recomiende a la concurrencia que procure divertirse mucho y gozar de la vida… mientras dure. ¡Ja, ja, ja, ja!