Oliver Twist
Oliver Twist Mientras tenÃa lugar aquella es cena muda, el judÃo escudriñaba hasta el último rincón de la estancia, como para asegurarse de que Sikes no estaba allÃ. Satisfecho, sin duda, de su examen, tosió dos o tres veces e hizo varias tentativas para entablar conversación, tentativas que dieron el mismo resultado que hubieran dado si a una piedra fueran dirigidos. Intentó entonces la última prueba, y frotándose las manos dijo con voz melosa:
—¿Dónde crees que puede estar Guillermo, hija mÃa?
Contestó la joven con voz lastimera y apenas inteligible que nada sabÃa. Al parecer sollozaba.
—¿Y el muchacho? —repuso el judÃo, procurando ver la cara de Anita para leer en su expresión—. ¡Pobrecillo! ¡Abandonado al borde de un foso!… ¿No es verdad que sólo el pensarlo parte el corazón?
—¡El muchacho! —repitió la joven—. ¡Mejor está mil veces donde se halla que entre nosotros! ¡Qué nada haya ocurrido a Guillermo es lo que deseo, que en cuanto al muchacho, ojalá haya muerto en aquel foso y se pudran en su fondo sus tiernos huesos!
—¡Cómo! —exclamó FajÃn, sin volver de su asombro.