Oliver Twist
Oliver Twist —¡Que te compre otro! —rugió el judÃo, exasperado hasta lo indecible ante la obstinación inesperada y la actitud agresiva de Anita—. ¡Te lo compraré, sà te lo compraré! ¡Escúchame… arrastrada! ¡Escúchame a mÃ, que con seis palabras, fÃjate bien, con seis palabras puedo ahorcarle con tanta seguridad como si en este momento tuviera entre mis dedos su cuello de toro! Si vuelve sin el muchacho, si se presenta y no me lo trae muerto o vivo, asesÃnale tú misma en cuanto ponga los pies en casa, si quieres evitarle que baile en la horca. Pero hazlo enseguida, porque a poco que tardes, te juro que no llegarás a tiempo.
—¿Y por qué todo eso? —preguntó involuntariamente la joven.
—¿Que por qué? —bramó FajÃn, loco de rabia—. Cuando ese muchacho vale para mà centenares de libras esterlinas, ¿crees que voy a ser tan idiota que me resigne a echar por la ventana un beneficio tan seguro, por culpa de una caterva de borrachos a quienes puedo hacer ahorcar cuando me acomode? Además. ¿Crees que voy a ponerme a merced de un desalmado, de un verdadero demonio, que si como tiene poder tuviera voluntad de… de…