Oliver Twist
Oliver Twist No estaba libre Anita de ese defecto, a decir verdad, como no lo estaba ninguna de las discípulas del judío, habituadas por éste a la bebida desde sus más juveniles años. El desorden de su vestido y persona unido al fuerte olor a ginebra que en la estancia se percibía era prueba que confirmaba la suposición de Fajín, y luego, el apaciguamiento brusco que siguió a la explosión no menos brusca de cólera, su atontamiento y más tarde su sensiblería, tan evidente que arrancó no pocas lágrimas a sus ojos y no pocas frases raras a sus labios, llevaron el convencimiento más profundo a un hombre de la experiencia de Fajín de que Anita se encontraba bajo los efectos de una borrachera tremebunda, y por tanto, de que no había podido tomar nota de sus palabras.
Tranquilo por esta parte, y realizado el doble objetivo que le llevara a la casa, consistente en poner a la muchacha en autos de lo que Tomás Crackit le había contado y de asegurarse por sus propios ojos de que Sikes no había vuelto, Fajín emprendió la vuelta a su casa dejando a la muchacha durmiendo con la cabeza apoyada sobre la mesa.