Oliver Twist
Oliver Twist —No mucho; prefiero ver cómo las comes tú, mi querido Noé.
—¡Mira que es extraño!
—Toma otra, Noé… mira, aquà hay una con unas barbas tan delicadas…
—No puedo más… lo siento muy de veras, pero en mi cuerpo no cabe ni una más. Ven aquÃ, Carlota, que te daré un beso.
—¡Cómo se entiende! —gritó Bumble, penetrando como una bomba en la trastienda, ¡Repite eso si te atreves, desvergonzado!
Lanzó un chillido Carlota, al tiempo que se tapaba la cara con el delantal. Claypole, sin hacer más movimiento que el indispensable para sentar los pies en el suelo, quedó contemplando al bedel con expresión de borracho asustado.
—¡Dilo otra vez, impúdico rapaz! —bramó el señor Bumble—. ¿Cómo te atreves a mencionar cosas tan reñidas con la decencia? ¿Y cómo se atreve a tolerarlo esta pÃcara? ¡Un beso!.. —exclamó el bedel, en el colmo de la indignación— ¿Uf! ¡Qué asco!
—¡No tenÃa intención de dárselo! —tartamudeó él borracho—. Es ella la que me besa constantemente, quiera yo o no quiera.
—¡Noé… oh! —exclamó la Maritornes con acento de queja.