Oliver Twist
Oliver Twist —¿Estás enferma, niña? —exclamó la señora Maylie, interrumpiendo a su sobrina.
—¡No, no, no! No estoy enferma —replicó Rosa, estremeciéndose pies a cabeza como a impulso de un escalofrÃo violento—. Esto pasará enseguida… Si me hicieran el favor de cerrar la ventana…
Oliver se apresuró a complacerla.
Rosa, haciendo un esfuerzo para recobrar su buen humor comenzó tocar una pieza más alegre, mas tardaron sus dedos en quedar inmóviles sobre el teclado, la joven ocultó la cara entre sus manos y, dejándose caer sobre un sofá, dio rienda suelta a las lágrimas, que ya le era imposible contener.
—¡Hija mÃa! —exclamó la anciana, estrechándola entre sus brazos—. ¡Nunca te he visto asÃ!
—Hubiera deseado no llevar la intranquilidad a su alma, tÃa querida, pero me ha sido imposible evitarlo… ¡y crea usted que lo he procurado con todas mis fuerzas…
—Sà —dijo Rosa—; me parece que estoy enferma.