Oliver Twist
Oliver Twist Hasta punto tal se dejó dominar por la pena la buena señora, que Oliver, imponiendo silencio a su propia emoción, atrevióse a hacerle algunas observaciones y se permitió Suplicarle que, en obsequio a la querida señorita, procurase serenarse.
—Considere usted, señora —dijo Oliver, sin poder contener las lágrimas que desde rato antes pugnaban por salir de sus ojos—, considere usted que es muy niña, que es muy buena, y que Dios no puede llevarse a la que constituye el encanto, la felicidad de los que la rodean. Yo estoy seguro… convencido… muy convencido, de que por usted, que es tan buena, por la señorita, que es un ángel, y por todos aquellos a quienes tan felices hace, no morirá. ¡El Cielo no puede segar una existencia tan preciosa, una vida que apenas comienza!…