Oliver Twist
Oliver Twist —¡Mira, hijo mÃo! —interrumpió la dama, colocando una mano sobre la cabeza de Oliver—. Tus razonamientos son de niño… ¡pobrecillo! pero, esto no obstante, me muestran el sendero de mi deber. Lo habÃa olvidado por un momento y espero que se me perdonará el olvido, en atención a mis años, que son muchos, pero he visto muchas enfermedades, he asistido no pocas veces a la visita de la muerte, y sé cuán lacerante agonÃa produce la separación de los objetos de nuestro cariño. Mi experiencia es también bastante para saber que no siempre son los más jóvenes ni los mejores los que quedan en el mundo para consuelo y felicidad de los que los aman. Pero no olvides, hijo mÃo, que hasta nuestras aflicciones más grandes vienen acompañadas de cierto consuelo. Dios es muy justo; y esas mismas pérdidas irreparables nos demuestran por modo evidente que hay un mundo mejor y más hermoso que éste, y que el camino que a él nos lleva es breve. ¡Cúmplase la voluntad de Dios! ¡La amo…! ¡La amo mucho… Dios sabe hasta qué extremo!