Oliver Twist
Oliver Twist —No fue eso lo que quise decir —contestó llorando Rosa—. Si manifesté deseos de que te hubieras ido ya de aquÃ, fue porque siento que no continúes consagrando todas tus fuerzas a empresas elevadas y nobles… a empresas dignas de ti.
—No hay empresa más elevada, más noble, más digna de mÃ, más digna del mortal más privilegiado que exista, que luchar para merecer un corazón como el tuyo —replicó el joven, tomando entre las suyas la mano de Rosa—. ¡Rosa… mi Rosa querida!… ¡Hace años, muchos años que te adoro! ¡Hace años que vivo de la esperanza de conquistar honores, para volver a casa lleno de orgullo y jurarte que sólo los ambicioné para tener el placer de compartirlos contigo! ¡Hace años que, mientras sueño despierto, pienso cómo te recordaré, en aquel momento feliz, las mil pruebas silenciosas de cariño que desde niño te vengo dando, y cómo fundaré en ellas mis derechos a tu mano, cual si entre nosotros existiera de antiguo un convenio mutuo, ratificado y sellado! Ese momento no ha llegado aún; pero hoy, sin honores conquistados, antes de ver realizados los sueños de mis años juveniles, vengo a poner a tus pies un corazón que desde hace tanto tiempo es tuyo, y a suplicarte de rodillas que aceptes la ofrenda.