Oliver Twist
Oliver Twist —SÃ, Enrique. FaltarÃa a lo que a mà misma me debo si yo, muchacha sin fortuna y sin amigos, llevando un apellido poco limpio, aceptase una situación que darÃa a tus amigos y al mundo entero motivo para creer que aproveché sórdidamente tu pasión primera y destruà para siempre con mi enlace las elevadas esperanzas de un porvenir brillante. Además, por ti, por tu familia, que me ha colmado de favores, me opondré siempre a que un impulso de tu natural generoso alce un obstáculo que paralizarÃa para siempre la carrera que puedes hacer en el mundo.
—Si tus inclinaciones están en armonÃa con lo que llamas tu deber… comenzó diciendo Enrique.
—No lo están —respondió Rosa cuyas mejillas se cubrieron de vivo carmÃn.
—¿Luego correspondes a mi amor? ¡DÃmelo, Rosa querida, dÃmelo, y asà dulcificarás la amargura de este cruel desengaño!
—Si me fuera dado corresponder sin perjudicar mucho al hombre que amase, habrÃa…
—HabrÃas recibido de otra manera mi declaración, ¿no es verdad, Rosa? ¡No me ocultes esto al menos!…