Oliver Twist
Oliver Twist —Tal vez —contestó Rosa—. Pero… —añadió, retirando la mano que Enrique habÃa tenido asida—, ¿a qué prolongar esta entrevista dolorosa? Dolorosa sobre todo para mÃ, aun cuando engendrará su recuerdo una dicha perdurable, puesto que me hará feliz la certeza de que he ocupado en tu corazón el lugar preferente que ahora ocupo, y que en algo he contribuido a que coseches los triunfos que te esperan en la vida, cada uno de los cuales acrecentará mi, valor y mi firmeza. ¡Adiós, Enrique! ¡No volveremos a encontrarnos como nos hemos encontrado hoy; pero lazos de Ãndole distinta de los que han motivado esta conversación nos unirán para siempre, y ojalá las fervientes plegarias nacidas de un corazón recto y cariñoso hagan descender del trono donde se asienta la verdad y la bondad eterna toda clase de bendiciones y de prosperidades sobre ti!
—Una palabra más, Rosa. Quisiera escuchar de tus propios labios las razones a que obedece tu conducta.