Oliver Twist
Oliver Twist Apresuróse el judÃo a socorrer a Anita, no sin antes lanzar un grito de sorpresa, mientras Dawkins, por mal nombre el Truhán, que habÃa entrado siguiendo a su respetable maestro, y dejaba sobre el suelo un paquete, con el que iba cargado, y arrebataba una botella de las manos de Carlos Bates, pegado a sus talones, la descorchaba con los dientes en un abrir y cerrar de ojos, y vertÃa parte de su contenido en la boca de la paciente, no sin antes haber hecho pasar una buena dosis por su propia garganta.
—Hazle aire con el fuelle, Bates, y usted FajÃn, frótele bien las manos mientras Sikes le afloja el vestido —dijo el Truhán.
Los esfuerzos combinados de todos, aplicados con energÃa sin igual, y sobre todo el del fuelle, que parecÃa mucho a Bates, encargado de administrarlo, no tardaron en producir el efecto apetecido. La joven fue recobrando gradualmente el conocimiento, y levantándose de la silla, aproximóse a la cama, hundió su cara en la almohada, y dejó que Sikes se las entendiera con los tres personajes extraños, cuya presencia en la habitación la habÃa sorprendido.
—¿Qué mal viento te trae por aquÃ? —preguntó a FajÃn.