Oliver Twist
Oliver Twist —No es mal viento el que me trae, amigo mÃo —respondió FajÃn—, pues nunca traen nada bueno los malos vientos y yo traigo algo que le alegrará la vista. Truhán, amigo mÃo —añadió—, deslÃa ese paquete y da a Guillermo las cosillas en que hemos empleado nuestro dinero esta mañana.
Cumpliendo presuroso la orden de FajÃn, el Truhán deslió el paquete, que era bastante voluminoso y estaba envuelto en un mantel, y alargó uno por uno a Bates los objetos que contenÃa, que éste fue dejando sobre la mesa, encomiando su calidad.
—De conejo, Guillermo, de conejo auténtico —dijo, mostrando un pastel enorme—, de esos seres delicados de miembros tan tiernos, Guillermo, que hasta los huesos se deshacen y funden en la boca, sin que haya medio de encontrarlos; media libra de té verde, de setenta y seis peniques, tan fuerte y bueno, que basta echarlo en agua hirviendo para que salte por los aires la tapa de la tetera; una libra y media de azúcar de primera de ése que no ven los negros y menos tienen ocasión de probar… ¡oh, no! dos panes frescos y apetitosos, un queso de Glocester, y para coronarlo todo, el lÃquido más rico que jamás ha pasado por su garganta, Guillermo.