Oliver Twist
Oliver Twist —¡Bah! —exclamó el judÃo, como si le contrariase la llegada de un extraño. Es el que estaba esperando… Ya baja la escalera… Ni una palabra acerca del dinero mientras esté aquÃ, Anita… Se irá muy pronto… antes de diez minutos.
Poniendo sobre sus labios su descarnado Ãndice, acercóse a la puerta con la luz en la mano, llegando a ella al mismo tiempo que el visitante, el cual penetró presuroso en la habitación, y tropezó casi con la muchacha antes de darse cuenta de su presencia.
Era Monks.
—Es una de mis discÃpulas —dijo FajÃn, viendo que Monks retrocedÃa al encontrar allà a una joven que no conocÃa—. No te vayas, Anita.
La joven se acercó más a la mesa y, después de dirigir al recién llegado una mirada de suprema indiferencia, volvió los ojos hacia el judÃo, en cuya cara los clavó de una manera tan penetrante y con tanta intención, que cualquier observador que hubiese reparado en las dos miradas, con dificultad habrÃa creÃdo que eran obra de la misma persona.
—¿Hay noticias? —preguntó FajÃn.
—Importantes —contestó Monks.
—¿Y… buenas? —inquirió el judÃo con vacilación, como si temiera contrariar a su visitante.