Oliver Twist
Oliver Twist —No son malas —respondió Monks sonriendo—. Por esta vez he manejado bien… Quisiera hablar dos palabras a solas con usted.
No parecÃa la joven dispuesta salir de la estancia, aunque comprendió perfectamente la indirecta de Monks. El judÃo, tal vez por teme que aquélla pudiera hacer alusión al dinero, hizo una seña a Monks para que le siguiese y salió de la habitación.
—Supongo que no me llevará aquel agujero infernal donde estuvimos la otra vez —oyó Anita que decÃa Monks, mientras subÃan.
El judÃo contestó con una carcajada seguida de algunas palabras que no llegaron a oÃdos de la joven, la cual, por el crujido de las tablas que gemÃan bajo los pies de los dos hombres, comprendió que subÃan al piso segundo.
No se habÃa extinguido el rumor de los pasos, cuando ya Anita estaba descalza y, levantada la falda sobre su cabeza, salÃa a la puerta y quedaba en ésta, escuchando con interés palpitante. Cuando se apagó el ruido de las pisadas salió como una sombra, subió la escalera y no tardó en perderse entre las tinieblas de los pisos superiores de la casa.