Oliver Twist
Oliver Twist Iban cerrando la mayor parte de las tiendas en las calles que recorrÃa, dirigiéndose desde Spitalfields hacia el extremo occidental de Londres. Un reloj, que envió a sus oÃdos las diez campanadas, lentas, sonoras, vino a centuplicar su impaciencia. La joven avanzó con paso más rápido todavÃa, dando codazos a los transeúntes que se interponÃan en su camino, entorpeciendo su marcha, y saltando de una acera a otra sin reparar en los coches, que más de una vez estuvieron a punto de atropellarla. Asà atravesó una porción de calles muy concurridas, llamando la atención de cuantos la veÃan.
—¡Esa mujer está loca! —exclamaban muchos.
Menos concurridas estaban las calles cuando llegó al barrio más rico de la ciudad, pero la curiosidad y extrañeza que su apresuramiento venÃa excitando entre los transeúntes, fue allà mucho mayor. No pocos apretaron el paso para seguirla y otros quedaron mirándola, sin saber qué pensar de aquella mujer; pero poco a poco fueron dejándola, y cuando llegó cerca del término de su viaje, se encontró ya sola.