Oliver Twist
Oliver Twist —¡Vaya! —exclamó con impaciencia el portero, empujando a Anita hacia la puerta—. ¡Fuera de aquÃ… largo!
—Para que me vaya será preciso que me saquen arrastrando —gritó con violencia Anita—, y para sacarme arrastrando, necesito que se reúnan tres hombres como usted. ¿No hay aquà nadie que quiera llevar a la señorita un recado de una desventurada como yo?
El llamamiento produjo al parecer cierto efecto en un cocinero de expresión bonachona que con otros criados habÃa salido a ver qué sucedÃa.
—Sube el recado, Pepe, que eso poco cuesta —dijo el cocinero.
—¿Para qué? —contestó el aludido—. ¿Crees tú que la señorita querrá recibir a una mujer de esa clase?
Aquella alusión a la conducta dudosa de Anita excitó una tempestad de furia casta en los puros pechos de cuatro doncellas de la casa, las cuales aseguraron con acentos de fervor que aquella mujer era la deshonra de su sexo y que era preciso arrojarla al arroyo sin más contemplaciones.
—Háganme el favor que les pido y arrójenme luego a la calle, si quieren —instó Anita—. No me desatiendan; se lo pido por amor de Dios.